Un Viceministerio de la Juventud que no se quede en la promesa

Un Viceministerio de la Juventud que no se quede en la promesa
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El 4 de enero de 2023, el presidente Gustavo Petro sancionó la ley que crea el Ministerio de la Igualdad y Equidad en Colombia. La firma se dio en Istmina, Chocó, uno de los territorios más desiguales de nuestro país. Durante el acto, el presidente anunció la posibilidad de instaurar un Viceministerio de la Juventud que, en sus palabras, tendría como objetivo “lograr que la juventud no esté excluida en Colombia”. 

No es la primera vez que, en nuestro país, un Gobierno se plantea la creación de esta dependencia. El 12 de agosto de 1994 se realizó la ceremonia de lanzamiento del Viceministerio de la Juventud que estaría integrado al Ministerio de Educación Nacional. El presidente de ese momento, Ernesto Samper, anunció a la nación que su Gobierno invertiría aproximadamente 150 millones de dólares en educación y que la palabra “oportunidades” iba a ser el referente.

Este Viceministerio fue una estrategia política para mitigar las problemáticas que enfrentaban los y las jóvenes en esa época (violencias, desempleo, desigualdad educativa, etc.) y que siguen vigentes ferozmente en la actualidad, sobre todo en jóvenes racializados, empobrecidos y pertenecientes a los sectores populares de nuestro territorio nacional.

Frente al actual escenario político, tendríamos que preguntarnos qué pasó con esa dependencia, cuáles fueron sus impactos, sus aciertos y qué lecciones aprendidas nos deja para la creación de un nuevo Viceministerio de la Juventud en nuestro presente.

Quizá el planteamiento de este Viceministerio sea la puerta de entrada para crear otros mundos posibles para los y las jóvenes de nuestros territorios, quienes constantemente ven que sus sueños son apagados y deben enfrentar una muerte física, social y simbólica en este país.

Al tener que experimentar desde mi infancia la muerte y la caída constante de cuerpos inertes de muchos jóvenes (principalmente, de mis familiares), confío que en Colombia esta crisis humanitaria que enfrenta este grupo poblacional pare. Como una vez me manifestó un joven del Chocó, “los jóvenes vivimos con las balas en la cabeza”. Y el rector de un colegio en Guapi, cuya angustia es latente porque sus estudiantes desde el año pasado vienen desertando masivamente por tener que huir con sus familiares de la guerra, también me dijo: “Los jóvenes, las oportunidades y la paz deben ser el epicentro del cambio”.

Estos jóvenes racializados y periféricos son quienes permanecen en constante riesgo y amenaza. No solo huyen de la muerte, sino del destierro, del hambre y de todas las injusticias que forman parte de su paisaje cotidiano. No obstante, los y las jóvenes, en medio de este contexto de desesperanza, siguen aferrándose a la vida y a los sueños de poder acceder a una anhelada justicia social encaminada a la dignidad y a la paz.

Este Ministerio de la Igualdad y Equidad, que estará a cargo de la vicepresidenta Francia Márquez Mina, enfrenta grandes retos, desafíos y urgencias que vienen caminando en nuestro país por décadas. No solamente se debe responder a los y las jóvenes, sino a otras poblaciones que históricamente han sido excluidas del Estado-nación y han enfrentado, como resultado de ello, largas décadas de empobrecimiento, marginalización y violencias múltiples.

Esperemos que los pasos que está dando el Gobierno central se puedan consolidar de la mano de los nadie, que son su población a priorizar. Pero quedan aún muchas preguntas por responder: ¿cómo se materializaría el Viceministerio de la Juventud en Colombia? ¿Cómo se saldarían las deudas históricas con la juventud colombiana? ¿Qué papel desempeñarán los y las jóvenes en este Viceministerio?

Ojalá que el rol de la juventud sea protagónico tanto en el proceso de su codiseño como de implementación, seguimiento y veeduría de aquello que le han prometido: un país con igualdad y equidad en el que tengan condiciones de vida digna.

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